miércoles, 9 de diciembre de 2009

ACASO UNA LANZADA


Cuantas veces
me has preguntado
si te amo,

Acaso una lanzada
entre las costillas,
acaso una palabra
seguida de una sonrisa
no han cantado mi amor
por los cuatro costados.

No basta esta espalda
llena de angustias
y llagas,
labrada en un camino
de espinas silenciosas.

Es que no valen
los clavos míos
de acero candoroso
atravesándome el alma.

No cuenta mi bolsillo
de agujero negro,
su fondo perdido
de clavel y verso,
de Olvido.

Acaso linda niña de plata
no es suficiente premio
mi espada,
mis labios
Mi reino.


Juan Antonio González Molina
(Pintura de Iván Fernández Dávila)

6 comentarios:

  1. Que delicia de poema....(y de blog)

    Eres todo un hallazgo, gracias por tus palabras Juan Antonio, y por arrimarme a tu rincón.

    Un beso

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  2. Hermosos versos, compañero, te sigo y te leo.
    Un abrazo

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  3. Para mí la última estrofa es la más bonita.
    A mi también me gusta tu blog :) Te sigo!

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  4. Los reinos se quedan pequeños a las princesas que no quieren ser reinas...

    :)

    un beso!

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  5. Muy poetico !!!

    son tus palabras ??
    Felicitaciones !!
    y la música de fondo wow, sin más que decir una chulada!!

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  6. muchísimas gracias por tu comentario, de verdad ^^. Gran poesía la tuya. Esta es muy muy sentida...

    Muac.

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NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.