sábado, 26 de abril de 2014

SIEMPRE ABRIL














Florecía Abril
frente a nuestras vidas pasajeras
que se encontraron por fin
en aquella lejana primavera,

y en aquel abril encarnado
tus pupilas titilantes
de profunda mirada,
se plantaron atlánticas
y brillantes
sobre los pliegues hastiados
de mi alma,

y acunaron delicadamente
un beso inmemorial
para que sobraran siempre las palabras,
un beso de cristal,
frágil pero certero,
húmedo como la tierra
y terco como la lluvia. 

Desde entonces abrileando
fue consumiéndose el calendario:
Abril despertando a tu lado,
Abril de noches compartidas
y párpados caídos,
piel de Abril erizándose
ante mil caricias fugitivas,
sábanas cálidas de abril
-Guarida de gemidos y éxtasis-
Abriles de tormentas sin paraguas
que empapaban
nuestros cuerpos desnudos,

Abriles persistentes
de calle alborotada
y rojo corazón,
de calle libertaria
donde puño a puño
fuimos mucho más que dos,

Siempre Abril,
Abril en las maletas cargadas de sueños
con las que mordisqueábamos
el mundo,
Abril de tardes perpetuas de esperarnos
el uno al otro y el otro al uno,
de reencuentros encontrados,
del deseo que se fue y se vino
agrietando la firmeza ingravidez
de nuestros amaneceres cautivos.

Siempre Abril,
Abril de incomprendida presencia,
de serena prestancia en la algarabía
de la sangre alborozada
de caricias,
Abril sobre las paredes
del hogar que construimos
para salvarnos,

Siempre Abril,
Abril nuestro de Violeta floreciendo,
de Violeta inaugurando las mañanas,
de Violeta uniéndonos eternamente
sobre el pedestal milagroso de su alegría.

Abril de abriles,
imperecedero,
perpetuo,
constante,
invariablemente presente,

Siempre abril,

fueron tantos
amor mío los abriles,
fueron tantos...
que nos quedamos ciegos
de tanto mirarnos,
y saltaron todas las costuras
de las heridas
para dejarnos este Abril de entierro
que nos convirtió en nada,

huérfanos frente al abismo,
llevando volados los ojos
y en cenizas los huesos,
lloramos la pena
de este Abril último de despedida,

de angustia plena,
de rosa negra y cementerio.


Juan Antonio González

(Óleo de Jacqueline Klein Tex: La danza de los amantes.)

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NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.