martes, 30 de marzo de 2010

Cosas nuestras


Buenas a tod@s, hoy vuelvo a despedirme, esta vez por un periodo más largo de tiempo, he de alejarme al menos hasta principios de julio de este mundo tan mío y tan querido desde el que acompaño mis actos en la calle con palabras para construir utopías realizables y necesarias. Me alejo, me despido por tres meses amenazando con volver con fuerzas renovadas. Cuestiones personales requieren de todos mis esfuerzos mentales, pero no descarto dejaros muy de vez en cuando algún poema, pues mi corazón necesita fraguar versos de vez en cuando para seguir latiendo. Lo dicho, nos leemos en tres meses, un abrazo a tod@s y gracias por estar ahí compañer@s. Os dejo un "penultimo" poema de regalo...

Venden sus mentiras
como si contaran realidades,
mienten como respiran,
ahuyentan las verdades
regalando sonrisas
encaladas de desvergüenza
cinismo y cobardía.
Y abajo seguimos todos,
todos los demás,
el resto,
“los restos” para ellos,
aguantando nuestras velas
a golpe de pulmón y letanías,
coleccionando cositas puras,
besos, que se yo,
rumores de alegría,
vaivenes marinos
cantados por peteneras,
palmas para nuestra desidia
rebeldía para nuestra condena,
la página primera del último libro,
los versos-balas del poema
que canta nubes victoriosas,
las noches fugaces de portales
donde incendiamos el deseo,
los sollozos tras la puerta,
las ideas que tuvimos
y fuimos perdiendo al caminar,
los vientos, los sueños perdidos
que nos hicieron adultos,
los niños que agazapados
bajo nuestra piel
lloran tres veces los fracasos,
los olores frescos
que quedaron atrapados
entre nuestras sencillas sábanas,
las palabras
los consuelos
los amigos que quedaron
y todos los que se fueron,
los abyectos salmos
que construimos en la calle
codo a codo
y piedra a piedra,
aportando sangre y huesos
ganas
sudores
libertad
y lágrimas en la batalla,
allí,
donde perdemos privilegios
para ganar en Dignidad.

Juan Antonio González Molina

martes, 23 de marzo de 2010

ES LA PRIMAVERA


Es la primavera,
tiempo de metamorfosis,
hora en que unos capullos florecen
y otros, dan a luz
mariposas de colores imposibles.

Es la primavera,
tiempo de cambio,
hora en que me asomo al abismo
-y a pesar del miedo-
decido saltar al vacío,
contribuir al cambio
volviendo a ser YO mismo.

Juan Antonio González Molina

martes, 16 de marzo de 2010

OLVIDENSE


De las jaulas olvídense,
a mí, denme los espacios abiertos,
árboles, canciones, palabras
desconciertos concertados
desacuerdos acordados,
leyendas sobre los muros
anunciando cambios,

silencios estrellados,
alambradas enterradas a mordiscos,
pasitos lentos recorriendo mi espalda,
despacio, poquito a poco, despacio.


Juan Antonio González Molina
(Imagen: Pintura de Banksy sobre el muro que Israel está construyendo ilegalmente en Gaza)

jueves, 4 de marzo de 2010

A TRAVÉS DE LA VENTANA

“Podrán cortar las flores pero no podrán detener la primavera…”


Busco en mi interior los abrazos
que me niega la lluvia del medio día,
me vuelvo del revés en rebeldía
frente a lo que me ofrece de soslayo
esta triste ventana fría,
números en color rojo encendido,
carniceros de las cifras
porteadores de la inopia lacerante
generadores de pesadillas
damas de vestido largo
y largas listas de pretendientes,
señoreados directores
de grandes sucursales
y obscenas oficinas,
los del verbo mentiroso
y la calumnia por bandera,
los que prohíben la sonrisa
y nos hacen rezar de miedo,
los que visten de negro
y calzan negros corazones,
las víboras bajo las sábanas,
las noches verdes de angustia
sin nada que llevarse a la boca,
los otros, los de enfrente,
los que no saben,
los que no entienden
que no somos un número,
que somos sangre, corazón y rabia,
que latimos,
que soñamos,
que caminamos
con los pies en la calle,
en el barro,
en los portales canallas
de las fronteras de mi barrio,
en las fábricas
y en el campo,
allá donde existan flores
que llevarnos al alma,
que somos
que existimos
que queremos
y exigimos
nuestra merecida cuota
de brillante primavera.

Juan Antonio González Molina

miércoles, 3 de marzo de 2010

EL DOBLE RASERO DE LOS GOBIERNOS CAPITALISTAS


Firme y categórico se mostró el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado 24 de febrero en la inauguración de la Conferencia de Presidentes de las Comisiones de Asuntos Exteriores de los parlamentos de los países de la UE y de los Estados candidatos (COFACC, por sus siglas en inglés: Conference of Foreign Affairs Committee Chairpersons), al realizar en el congreso las siguientes declaraciones: “Podemos suponer el sufrimiento de los presos políticos cubanos y debemos exigir al régimen cubano que devuelva la libertad a los presos de conciencia y respete los derechos humanos”. Vaya por delante mi respeto más absoluto a la vida humana, y obviando la intoxicación informativa que hemos sufrido en el caso Orlando Zapata, he de decir que lamento profundamente su muerte, así como abogo por que los Derechos Humanos sean respetados en todos los rincones del planeta. Dicho esto, me gustaría que el presidente Zapatero se mostrara igual de firme que lo hace respecto a Cuba con otras situaciones mucho más flagrantes y graves en cuanto a la violación de derechos civiles y humanos que ocurren en otras partes del mundo.
En este sentido, insto desde aquí al señor Zapatero a utilizar esa firmeza para exigir al rey de Marruecos con la misma contundencia que lo hace con el gobierno cubano, que se respeten los derechos humanos en su país. Un país que lleva treinta y cinco años condenado a los saharauis a sufrir el exilio del desierto o la represión y la cárcel en los territorios ocupados. Desde la ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos en 1975, cientos de saharauis han desaparecido. El gobierno del monarca Alauita ha reconocido que algunos de ellos han muerto, pero muchos otros continúan en paradero desconocido.1 En los territorios ocupados se vive en un estado de represión continua, muchos saharauis son maltratados, detenidos y torturados por las fuerzas del orden marroquí. Las cárceles del Sahara Occidental acogen a multitud de presos políticos saharauis detenidos sin juicio alguno y sin las mínimas garantías legales para proceder a su legítima defensa. Las condiciones de insalubridad en la que se “sobrevive” en ellas ha sido causa continuada de denuncia por parte de muchas ONG internacionales que defienden el respeto a los derechos humanos. Hoy día, Marruecos mantiene más de 135.000 soldados dentro del territorio del Sáhara Occidental, ocupado ilegalmente y pendiente de un referéndum de autodeterminación supervisado por Naciones Unidas. No cree usted presidente Zapatero que debería exigir a Mohamed VI la libertad de los presos de conciencia saharaui, el fin de la violencia y la tortura contra los saharauis en el Sáhara ocupado, así como el respeto a la legalidad internacional y a las resoluciones de la O.N.U. al reino de Marruecos, a fin de que se celebre el tan ansiado referéndum de autodeterminación al que el pueblo saharaui tiene derecho. Supongo que los fosfatos, los bancos pesqueros y otras cuestiones de índole económico, comercial y diplomático tienen más peso que la dignidad, el respeto a la justicia y el derechos inalienable del hombre y los pueblos a su autogobierno y autodeterminación.
También quería pedirle que exigiera la misma firmeza al gobierno Israelita que desde 1948 lleva a cabo una política de ocupación, hostigamiento y humillación constante hacía la población civil palestina. Torturas, detenciones ilegales, bombardeos contra poblaciones civiles, demolición de casas, cierres de fronteras, humillaciones constantes en el paso de las mismas, asesinatos, etc… miles de muertes civiles en un conflicto donde se viola una y otra vez por parte de Israel la legalidad internacional. En Julio de 2004 la corte internacional de justicia declaraba ilegal el muro que Israel esta construyendo en Palestina, que separa a familias enteras y condena al aislamiento a miles de palestinos2. La Corte Internacional de Justicia opinaba que el muro tenía que ser desmantelado y que había que condenar a Israel a pagar una compensación económica por los daños cometidos. El muro sigue en pie a día de hoy. En la resolución 242 de las Naciones Unidas3, así como en el artículo 2 de la carta del mencionado organismo internacional queda fijada la inadmisibilidad de la adquisición de territorios por guerra4, que fue precisamente lo que hizo Israel con Cisjordania y Gaza en la guerra de 1967. Además, el artículo 49 de la IV convención de Ginebra5 declara la inadmisibilidad para una potencia invasora de transferir a su población a territorio ocupado, con lo cual todos los asentamientos de colonos israelíes en territorio palestino habrían de ser declarados ilegales. Por último, en solo 21 días, entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009, cayeron víctima de los bombardeos israelíes sobre Gaza6 nada más y nada menos que 1.412 palestinos, de los que la mayoría, según B´Tselem7, el centro israelí de información de los derechos humanos en los territorios ocupados, eran víctimas civiles. Teniendo en cuenta todo esto, porque el señor Rodríguez Zapatero no exige al gobierno de Israel que acate el derecho internacional y los principios universales de los derechos humanos. Quizás el poder económico del estado sionista en el mundo y los apoyos norteamericanos pesen más que las exigencias justas de un pueblo que vive en sus carnes un auténtico genocidio ante la pasividad de las grandes potencias mundiales.
También podríamos hablar de derechos humanos y legales para referirnos a la prisión de Guantánamo, situada en el extremo suroeste de Cuba, ocupando territorio cubano pero bajo jurisdicción de los Estados Unidos. En esta base militar han sido retenidos y recluidos sin juicios, cargos ni garantía legal alguna cientos de prisioneros procedentes de distintos lugares del mundo. Hecho este, que ya de por sí viola todas las reglas del Derecho Universal. Pero para más inri, en 2004, un informe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)8 indicaba que en la prisión de desarrollaban varias actividades de las que, se dice, eran "equivalentes a tortura": exposición de ruidos o música molesta, temperaturas extremas por tiempo prolongado o palizas. También se informó de la existencia de un equipo científico de comportamiento (BSCT), y la comunicación de información médica confidencial a los equipos de interrogación por parte de los médicos de la base (debilidades, fobias, etc.), dando por resultado la pérdida de la confianza a los médicos por parte de los presos en la base. El 14 de febrero de 2006 un borrador del informe de cinco expertos de la ONU, solicitó el cierre de las instalaciones de detenidos tras concluir que las prácticas de alimentación forzada y diversas técnicas de interrogatorios equivalían a actos de tortura. En mayo del mismo año, el Comité de la ONU contra la Tortura pidió a EEUU que cerrara el centro de detención de Guantánamo por violar la legislación internacional. El 10 de junio del 2006, tres prisioneros musulmanes (dos sauditas y un yemenita) se suicidaron dentro de la base. Se calcula que hasta 2008 más de 800 reclusos pasaron por el infierno de Guantánamo, y que aun quedan en el penal alrededor de 190 reclusos. Todavía no he escuchado al señor Zapatero exigir el cierre inmediato y sin condiciones de la prisión de Guantánamo donde se retiene a personas sin ningún tipo de garantía legal ni juicio previo, y donde según multitud de organizaciones defensoras de los derechos humanos, la violación de los mismos ha sido flagrante y continua desde su constitución como penal.
Estos tres casos son solo ejemplos de otros muchos puntos del planeta donde se violan los derechos humanos y la legalidad internacional. El doble rasero y el cinismo usado por nuestros políticos a la hora de hacer un uso partidista y demagógico del concepto de “Derechos humanos” es realmente una cuestión que deja muy a las claras que en el mundo actual existen dos varas de medir, una para los “amigos” que por intereses particulares, económicos, comerciales, políticos o diplomáticos pueden hacer y deshacer a su antojo pasando por alto cualquier diatriba moral, legal o ética que se les pueda plantear, sin recibir respuesta alguna por parte de los gobiernos “aliados”; y otra para aquellos gobiernos no alineados con los parámetros de aquellos que dirigen el sistema imperante, y a los que a la mínima se les exige aquello que es mucho menos respetado por los “exigentes” que por los “exigidos”, y que sufren además la mentira y la intoxicación informativa promovida por los medios de comunicación afines a la causa liberal-capitalista. Reiterando que la pérdida de una sola vida humana es una desgracia, lamento profundamente la muerte de Orlando Zapata y creo, que el gobierno cubano debería haber evitado que este hecho sucediera bajo su tutela. Pero a pesar de todo esto, considero que Cuba, con sus aciertos y sus errores, es un ejemplo a seguir en muchas cuestiones, y por supuesto, socialmente hablando está muy por encima de otras potencias que no reciben ni las exigencias ni el maltrato informativo que recibe la denostada Isla caribeña por parte de los poderes establecidos. Valgan como mero ejemplo de lo que escribo los mencionados estados de Marruecos, Israel, EEUU u otro estado bien cercano a Cuba, Colombia, donde los paramilitares en connivencia con el gobierno realizan una política de terrorismo de estado que cuesta la vida a miles de civiles colombianos cada año. Por no hablar de la condena a vivir y morir de hambre a más de la mitad (la sexta parte de la población de la tierra padece hambre según un informa de la O.N.U. presentado en septiembre del pasado año) de la población mundial que supone el sistema imperante, o de los derechos constitucionales que en nuestro propio país, España, son desoídos por el mismo que exige derechos a Cuba, como el derecho a una vivienda digna, a una vida digna (80 millones de personas se encuentran actualmente en Europa bajo el umbral de la pobreza; en España, 1,5 millones de personas sufren pobreza severa y alta exclusión social y más de 8 millones padecen pobreza) o al trabajo (Las cifras del paro en febrero de 2010 siguen por encima de los 4 millones de parados). Datos por cierto, que serían impensables en Cuba, donde la vivienda, el trabajo, la alimentación, la educación y la sanidad están garantizadas por el estado.
Juan Antonio González Molina

(1) Se puede consultar la lista de saharauis desaparecidos en la página web de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis: www.afapredesa.org

(2) Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre las consecuencias jurídicas de la construcción de un muro en el territorio palestino ocupado:
http://www.icj-cij.org/homepage/sp/advisory/advisory_2004-07-09.pdf

(3) Resolución 242 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas:
http://es.wikisource.org/wiki/Resoluci%C3%B3n_242_del_Consejo_de_Seguridad_de_las_Naciones_Unidas

(4) Carta de las Naciones Unidas: http://secint24.un.org/spanish/aboutun/charter.htm
(5) 4ª Convención de Ginebra: http://www.icrc.org/WEB/SPA/sitespa0.nsf/html/5TDKYK

(6) Sobre los 21 días de bombardeo recomiendo el documental “Disparando al Elefante”, el relato de un testigo presencial en la Franja de Gaza. El 27 de diciembre de 2008, la Operación Plomo Fundido estuvo disparando a elefantes durante 21 días. Imágenes urgentes, insomnes, escalofriantes y sucias de los únicos extranjeros que decidieron y consiguieron permanecer, empotrados en las ambulancias de la Franja de Gaza, al lado de la población palestina. Entre otros lugares los puedes ver siguiendo este link: http://www.toshootanelephant.com/es

(7) Visitar la página de B´Tselem: http://www.btselem.org/English/

(8) Página del CICR: http://www.icrc.org/spa

viernes, 26 de febrero de 2010

CUENTAME


(A todos los niños desaparecidos-secuestrados durante la dictadura argentina, a Francisco Madariaga Quintela, nieto número 101 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, y que ha inspirado el poema; y por supuesto a las Abuelas de plaza de Mayo por su incansable labor en pos de la justicia, la dignidad y la Libertad)

Cuéntame como ha sido tu vida,
Cuéntame de vos
Cuéntame, ¿tengo hermanos?
Cuéntame todo por favor,

Háblame de primaveras
de la herida sin compás
de perdón ni espera,
de las noches en silencio
de las lágrimas de la dignidad,
cuéntame de vosotros,
cuéntame de mamá,
de sus ojos fijos,
de su cara, de su claridad
llamando a la puerta de los sueños,
del significado verdadero
de la palabra libertad,
dime que soy hijo del amor
y no del odio voraz
que devora sin remedio
al más capaz de los hombres.

Cuéntame papá,
borra de mis ojos
tanta infamia,
tantos gritos demenciales,
tanta historia malcriada
tras los pasos criminales
de mis captores resonando
como fusiles y sables
por los pasillos.

Cuéntame de cómo os conocisteis,
de aquella noche de luna
y estrellas entregadas,
de las palabras lindas
que os dijisteis al oído,
dime de cómo pudisteis con ellos,
de cómo a pesar de los llantos
de los grises cuarteles
de la sangre sobre la mesa,
de los apesadumbrados
ojos que parecían derrota
y eran la victoria pura
de los que sabían que la historia
la escriben los valientes,

dime papá,
cuéntame,
háblame de quien soy,
de donde vengo,
dime que soy amor y batalla,
viento puro de condena
que no olvida ni perdona,
que cuenta su historia
para que paguen los culpables,
dime padre,
dime que nunca me olvidaste,
que soy el recuerdo vivo
de aquella mujer rebelde
que entre el humo y los tanques
te robó el corazón,
cuéntame, dime padre
que hay tiempo,
que aun no es tarde
para celebrar la Vida.

Juan Antonio González Molina

martes, 16 de febrero de 2010

AHMED Y LA NADA

Un cuento sobre el Sáhara y la Victoria que vendrá

Voy a alejarme del blog durante algún tiempo compañer@s, cuestiones personales reclaman todos mis esfuerzos. Os dejo como regalo en forma de "Hasta luego" mi segundo relato. Ya sabéis que me considero ante todo poeta, pero este texto en prosa me ha salido de lo más profundo del alma, espero que os guste. Un abrazo a tod@s, aquí tenéis el cuento, soñemos un poco con la Victoria que vendrá:

Ahmed vivía entre las arenas, en un lugar -inhóspito y gris- donde no existía siquiera un pedacito diminuto de cielo abierto sobre el que acunar las esperanzas de vivir un futuro medianamente decente. Sus ojos estaban tan cansados de otear siempre el mismo horizonte, que solían inventarse hermosos oasis de componentes mágicos, habitados por animales raros que portaban flores de todos los colores en el lomo, con cielos abarrotados de nubes blancas que dibujaban sobre el azul raso del firmamento imágenes imposibles: dos figuras tomadas de la mano, un camello de tres jorobas y hasta un payaso haciendo malabarismos entre el sol y la luna. Soñaba con sitios y lugares de mucho verde, abundantes en palmeras, con arboles viejos de copa ancha y frondosos arbustos de planta baja, con todos los suelos forrados con una tupida alfombra de hierba húmeda cuyo olor casi que podía sentir a pesar de que no existiera más que en sus pensamientos, a pesar de que el niño Ahmed no había tenido jamás el placer de percibir el frescor del tacto de la hierba a la mañana, cuando empapada de rocío, albergaba en su interior el reflejo de los primeros rayos de sol de cada día. Era lo maravilloso de la imaginación, de su mano, todo parecía ser posible.

El lugar donde Ahmed vivía con su familia y su pueblo, estaba situado en los bordes de la Nada. Los que habitaban cómodamente en el Todo, acostumbraban a llamarlos “hijos de las nubes y el viento”. Su casa, como todas las de allá, no tenía puertas ni ventanas, siempre se encontraba abierta al Universo. Hecha de tela, correajes y postes de madera, recibía el nombre de jaima. En su interior, familia, vecinos y amigos engullían las horas muertas charlando y tomando tés: el primero, amargo como la vida; el segundo, dulce como el amor; y el tercero, suave como la muerte…
Mientras tanto, su abuelo materno, que se llamaba Hussein, pasaba la mayor parte de su tiempo fumando y jugando con otros ancianos del lugar a un juego al que se jugaba con palitos y piedrecitas del desierto. Al pequeño Ahmed le encantaba mirarlos mientras se entretenían, pasaba horas en silencio, observándolos, tratando de entender el mecanismo del juego que requería tanta concentración en sus mayores. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, no lograba captar la esencia del mismo, quizás fuera demasiado pequeño todavía para comprenderlo, o al menos, eso era lo que le decía su abuelo. Hussein era un gran orador, y al caer la noche, después de rezar, solía sentarse a contemplar con él la luna y las estrellas. Mientras lo hacían, el anciano le contaba viejas historias de caravanas y guerreros a camellos, le hablaba durante largo rato de las hermosas tierras de la que procedían, y de cómo, un día no tan lejano en el tiempo, un malvado rey de alma oscura, por medio de una temible cohorte de mercenarios, se las había robado despiadadamente, condenandolos desde entonces a sufrir la impúdica dictadura del desierto. Le advertía de lo terrible que era la guerra, de lo triste que era para él no saber donde se encontraban sus dos hermanos, Mohamed y Bachir, recluidos ambos en un agujero negro por declarar, estando tras los muros del otro lado del mundo, ser simple y llanamente lo que eran: “hijos de las nubes y el viento”. ¿Solo por eso? Preguntaba Ahmed angustiado, solo por eso, solo por eso hijo mío… contestaba su abuelo con los ojos vidriosos.

A su otro abuelo, el papa de su papa, no lo conocía. Al parecer, mucho antes de la fecha en que Ahmed vio por vez primera la luz del ardiente sol que coronaba los bordes de la nada, Brahim, así se llamaba su abuelo paterno, había quedado atrapado con su abuela al otro lado del mundo, allí donde el mar y los peces, en ese lugar del que procedían todos los habitantes de su pueblo, y al que todos anhelaban con ansias regresar.
La vida en los bordes de la nada no era muy divertida. Había poco que hacer. Ahmed asistía todos los días, exceptuando el último de la semana, al colegio. No era mal estudiante, y además, le gustaba mucho acudir a clase ya que le hacía sentir que tenía algo que hacer, algo en lo que ocupar su tiempo. Las tardes en aquel maldito lugar se hacían muy largas, sus amigos las dedicaban a jugar al fútbol con pelotas hechas de trapo, pero él, prefería construir camiones con envases vacíos, latas y cuerdas. Había decidido que de mayor quería ser mecánico, a pesar de que por allí no hubiera muchos coches y de que los que había, estuvieran viejos y destartalados.

Su padre, como la mayoría de los hombres en edad de combatir, andaba enrolado en el ejército. Ahmed lo veía muy poquito, solo tres o cuatro veces al año cuando éste venía a visitarlos tras conseguir algún permiso especial. Una de esas visitas coincidió con su décimo tercer cumpleaños. Ese día su papa le pidió que saliera a caminar junto a él. Estuvieron horas andando por los bordes de la nada. Su padre le contó en que consistía su trabajo, el porque de la existencia del ejercito, lo importante que era para la gente que vivía en la nada seguir reclamando su parte del todo, porque les pertenecía, porque era suya, porque era justo, obligatorio y necesario unir a las familias que la guerra y los muros habían separado. Cuando llevaban más de dos horas caminando, Ahmed empezó a sentir una sed terrible, y entonces, recordó una de las leyendas que le había contado su abuelo y prefirió no decir nada:

…en aquellos tiempos, ya lejanos en nuestras memorias, en que las caravanas iban cruzando el desierto en busca de pastos, agua y mercancías, una madre se acercó a su hijo, al que acababan de cortarle la cresta de pelo que llevaba como niño, porque había cumplido trece años y de hecho, ya se consideraba un hombre preparado para las más largas y duras travesías del desierto. Cuando preparaba su montura aquel hombrecito, su madre que sabía por propia experiencia la conducta del desierto, le tomó la mano y le dijo:

- Hijo, me alegro de que ya seas un hombre como tu hermano, pero antes de partir en esta caravana debes tener en cuenta lo que te voy a decir:

-Ya que estas decidido a ir con los hombres, te diré que si sientes cansancio no lo digas, si sientes sed o hambre no lo digas, pero hijo, si una piedrecita del camino se cuela en tus zapatos, puedes decirles que te esperen para quitártela.


Después de la caminata, el niño Ahmed se sentía un hombre, la charla que le había dado su padre fue para él como si le hubieran cortado al fin la coleta. En su pequeño corazoncito se mezclaban la alegría de sentirse adulto con la rabia y el dolor de la tragedia y la injusticia a la que su pueblo estaba siendo sometido. Por fin, comprendía el porqué de la existencia de ese halo de tristeza que ardía vorazmente en el brillar apagado de la mirada de su gente. Al llegar a la Jaima y ver a su madre, se le escapó una lágrima que rodó veloz y pesada por su morena mejilla. Corrió a abrazarla, la abrazó como nunca antes lo había hecho. Su papa le había contado que el día en que fueron obligados a empezar a caminar hacia la nada, su mama, había perdido a sus tres hermanas y a su madre.
Un día cualquiera, un día de esos en los que no pasa nada, y que por desgracia, eran tan habituales en los bordes de la nada, Ahmed sintió la necesidad de alejarse de las Jaimas. Recordó la charla, por entonces ya lejana, que el día de su décimo tercer cumpleaños había tenido con su padre, y se dirigió caminando hacia la única duna de arena que existía por los alrededores. Estaba como a unos cuarenta minutos de paseo. Tras escalarla con facilidad se sentó en la cumbre. La vista fue la de siempre: un territorio estéril, pedregoso y hostil se extendía desafiante ante sus ojos. Pero de repente, vio algo resplandeciendo a los pies de la duna. Se froto los ojos con las manos, sí, era real, no era fruto de su indomable imaginación. Entonces se levantó, bajó corriendo la montaña de arena y conforme se iba acercando al sitio donde estaba aquella cosa extraña, iba notando como el latir de su corazón se intensificaba tanto que parecía que le fuese a estallar el pecho. Al llegar abajo se detuvo. Entre sus pies descalzos había una hermosa flor de un color rojo intenso. Era bellísima, lo más bonito que habían visto sus jóvenes ojos negros. Sabía que eran las flores porque se lo habían enseñado en el cole, pero nunca había visto una. Se agacho, la acarició suavemente, tenía un tacto delicado, agradable. Pasó toda la tarde junto a aquella flor del color de la vida, pues no podía dejar de mirarla. Al día siguiente, a la hora de la comida, guardó un poco de agua en un pequeño recipiente de plástico. Eran apenas unas gotitas, pues el agua era un bien escasísimo en los bordes de la nada, pero que serían suficientes para ir regando su flor a diario. Y desde entonces, todas las tardes se alejaba del campamento y se dirigía dos kilómetros al sur para encontrarse con la flor, su flor, el regalo divino que milagrosamente el desierto le había otorgado. La regaba todos los días y se pasaba la tarde entera observándola y hablándole. Le contaba lo que había hecho ese día en el cole, lo mucho que echaba de menos a su papa, las risas que se habían echado él y su madre la noche anterior jugando con su hermano pequeño, todas las historias que el abuelo Hussein le contaba, y mil y una cosas más que se le iban ocurriendo por el camino. Y así fueron pasando las lunas, brillantes y hermosas, redondas, y una a una, se las fue tragando el horizonte. Ahmed se sentía feliz, había encontrado un sentido a su vida: cuidar y amar la única flor que quedaba en los bordes de la Nada.
Desde su mágico descubrimiento los días se presentaban más luminosos que de costumbre, o al menos a él se lo parecían. Pero un día, al alcanzar la cima de la duna, se le nubló la vista. Al instante, se dio cuenta de que algo no iba bien, se detuvo conmocionado, desde allí, en lo alto, no veía brillar a su rojísima compañera floral. Desesperado, descendió velozmente y descubrió que, efectivamente, la flor ya no estaba donde había estado siempre desde el día que la divisó por primera vez. Solo había tierra y piedras, ese maldito paisaje que emborronaba sus pupilas. ¿Dónde estaba su flor? Quizás otro niño la había descubierto y arrancado para enseñársela a sus amigos, quizás el viento se la había llevado como si fuera una cometa, la cometa más hermosa que jamás hubiera surcado el firmamento; o quizás, simplemente, la tormenta de arena de la noche anterior la había sepultado bajo la arenisca rojiza que lo cubría todo. Estuvo escarbando sin parar toda la tarde, pero a pesar del empeño que puso en la tarea, la flor no apareció. De repente, observó como el cielo se ponía gris parduzco, las nubes blancas se tornaron negras y empezó a llover a cántaros. Ahmed rompió a llorar, estaba abatido, sintió como en su interior una sombra de tristeza se iba apoderando súbitamente de su alma. Deshecho, se tumbó bocarriba, y el agua que corría por su rostro se mezcló amargamente con las lágrimas de dolor intenso que brotaban de sus pequeños ojos fijos.
El tiempo desde aquel nefasto día siguió pasando, y pesando, lento, muy despacio, como si no le importara lo más mínimo el desasosiego y la pena que sentían los habitantes de aquel terrible lugar situado en los bordes de la nada. Ahmed acabó trabajando en el ejército como mecánico militar, y su vida, fue transcurriendo entre angustias y deseos de volver a una tierra que nunca había visto pero que sentía como propia: la tierra de sus padres, la de sus abuelos y bisabuelos, la de su pueblo. Tras años y años que parecieron siglos, la lucha de su gente, el apoyo de las personas justas que aun quedaban en algunas partes del todo y la vergüenza hecha mentira de un rey usurpador, obraron el milagro. Ahmed era por entonces un viejecito, vivía solo, su mujer había fallecido un año antes y sus dos hijos vivían muy lejos, en alguna parte del Todo.
El día de la vuelta a casa amaneció coronado por un sol radiante que parecía querer sumarse a la inmensa alegría de un pueblo que recobraba al fin su libertad. Durante el largo trayecto, Ahmed fue recordando los momentos más importantes de su vida. Al llegar, vieron los restos de los viejos muros derribados, hasta siete habían llegado a existir. Los hermanos y hermanas que los esperaban, portaban banderas verdes de esperanza, blancas de pureza y negras de luto por los que se habían quedado en el camino. Los abrazos y las lágrimas empezaron a regar a borbotones aquel suelo tan deseado, aquel instante soñado tantas veces, era ya pura realidad: familias enteras se reunían tras años de dolor y olvido. La justicia, esta vez sí, había salido victoriosa en su batalla frente a la crueldad asesina de los usurpadores.
Ahmed se adentró en aquella tierra de la que tantas veces le habían hablado sus mayores, pudo ver jardines, casas bajas de colores, pisos, coches tocando el claxon, tiendas donde se vendía todo tipo de cachivaches y a lo lejos… el mar. Caminando entre el júbilo irrefrenable de la gente se dirigió hacia la playa disfrutando de la alegría sumarísima que anegaba las calles, las plazas y todas y cada una de las esquinas. Al llegar, la brisa marina meció sus blancos cabellos, cuantas veces le había hablado su abuelo de aquel olor, de aquella sensación de libertad que estaba sintiendo in situ en aquel momento. Se acercó a la orilla, se descalzó y metió sus pies en el agua. El sol disparó sus rayos de vida contra la frente agrietada del anciano Ahmed, su corazón latía con fuerza, y al darse la vuelta, vio en la arena blanca de la playa un puntito rojo. No podía creerlo. Una flor exactamente igual de bella que aquella que había cuidado con esmero durante algunos años de su vida en los bordes de la nada parecía estar mirándolo con descaro. Se acercó lentamente, se sentó a su lado y se puso a llorar. Tras secar su llanto, la acaricio y recordó instantaneamente aquel tacto suave y agradable como el de aquella vez primera. Después, no sé cuantas horas fueron las que Ahmed pasó contándole a aquella flor el tortuoso y duro camino que había recorrido hasta llegar a aquel hermoso pedacito de costa. Y es que tenía tanto que contar... aquellos durísimos meses en los que no llegaba comida a los bordes de la nada, las tremendas inundaciones que asolaron la nada durante varios inviernos consecutivos, o aquel interminable verano en el que el agua escaseó tanto que no sabían si iban a lograr sobrevivir un día más. Y como olvidar el llanto roto de su gente ante las terribles noticias que llegaban del otro lado del muro y que contaban como familiares y amigos estaban siendo perseguidos, detenidos y hasta desaparecidos; o el tenaz y doloroso recuerdo que tenía del día en que su hermana pequeña falleció prematuramente, y como su madre no había podido soportarlo; tenía que hablarle también de lo muchísimo que sufrió cuando en los contornos del último de los siete muros su padre falleció mientras andaba desflorando minas asesinas; y sobre todo y ante todo, tenía que explicarle detenidamente como poco a poco los jóvenes fueron levantando la voz, como su causa fue creciendo y creciendo hasta hacer doblar las rodillas a su poderoso enemigo. Le relató, por supuesto, algunas de las viejas historias que le contaba su añorado abuelo Hussein; le habló con orgullo de sus dos hijos, y le susurró entre lágrimas y sonrisas lo feliz que estaba por la Victoria de su gente y a la vez, el dolor que sentía porque ni sus hermanos, ni sus abuelos ni sus padres habían logrado sobrevivir para poder verlo. Le recitó un poema del gran poeta Ebnu:

Vamos contando estrellas
al borde de la madrugada
y una vez más
-como casi siempre-
tu nombre aletea
sobre la inmensidad de los senderos
y se detiene en cada
pedazo de nuestra idea
y nos regala el aliento
de una tarde ya lejana.

Un hombre vuelve los ojos
hacia el fusil que duerme
y extiende sus manos
para tocarte
entre las amarillentas
hojas de la memoria
mientras vas coleccionando
las huellas de aquellos
a los que se les hizo muy tarde
para tomar el té
de la próxima mañana.

Acaricias al niño
y la inocencia sonríe
en sus ojos de arena.

Entonces un anciano murmura
¡Quizá mañana!

Más allá
allende la muralla
una mujer se asoma
a una ventana
tarareándole a tu cielo
la letra de una canción temprana
y cruzando la calle fría
alguien en nombre de dios
promete devolverte la luna
y tú te estremeces
con cada latido solitario
de una multitud que espera.

La eterna lágrima
enjuaga el rostro
que en la sombra llora.

Entonces un joven
A la noche susurra
¡Quizá mañana!

El viento de palomas
emprende el vuelo
la duna se abraza
a la ausencia del suelo
y desde el corazón
de cada puerta
una voz
de hombres y tumbas
se remonta al cielo

¡Quizá mañana!

Esa mañana ya había llegado y su pueblo rebosaba de orgullo. Para terminar, decidió cantarle uno a uno los nombres de todos los mártires de la causa que recordaba. Permaneció un rato en silencio junto a la flor, ya no tenía nada más que contarle. Seguía escuchando de fondo el estruendoroso sonido de las explosiones de los cohetes de la alegría, y en los balcones de los pisos situados frente a la costa, veía ondear altivas las banderas de la Victoria. Todo olía y sabía a felicidad. Entonces, notó como una mano se posaba en su hombro, se volvió y levantó la vista:

-¿Esta usted bien? Le dijo un hombre de mediana edad sonriendo.
-Si, respondió Ahmed.
-¿Tiene usted casa? Ahmed respondió con una mirada silenciosa…
-Claro que sí, dijo el hombre esbozando una amplia sonrisa, venga a mi casa, que desde hoy es también la suya, y tomemos un té.

Le ayudó a levantarse y ambos se perdieron por las calles de aquella ciudad que al fin contemplaba orgullosa la vuelta a casa de todos sus hijos.

Juan Antonio González Molina

Dedicado a mi padre y a la lucha del Pueblo Saharaui por su Libertad

jueves, 11 de febrero de 2010

DIME TÚ



Dime tú
que puedo esperar de tu sonrisa,
existes en las tablas quejumbrosas de las puertas
en el susurro tenso de la brisa
entre el mar y la esperanza
con la voz del puerto como pesadilla.

Dime tú
que puedo esperar de tu mirada,
existes como un hada en este cuento
en el tormentoso fragor de la batalla
con flores de armisticio en el vientre
y un verso de Neruda como espada.

Dime tú
que puedo esperar de tus manos,
existes en la savia breve de este árbol
con la noche oscura del ocaso por pecado
en todos los colores que te nombran
sobre el trigo que amortigua nuestros pasos.

Dime tú,
háblame sin prisas de lo que fuimos,
cuéntame de aquellas luciérnagas ciegas
que enlucían rebeldes los pasillos,

es mejor no esperar nada
conjugarme contigo en las pausas del camino.


Juan Antonio González Molina
(Pintura de Pedro Ponce de León:

martes, 9 de febrero de 2010

EL PODER DE LA POESÍA



Ayer soñé que al despertar buscaba el mar y no estaba. La playa era una ciénaga de aguas turbias y malolientes. Soñé que no había cielos sobre mi alma, que todo era un decorado cutre y zarrapastroso donde las estrellas eran bombillas de bajo consumo. No había caminos que recorrer, no había manos a las que asirse, y las flores, eran espinos violentos de esos que tienen púas largas de veneno como espadas, de esos, que si llegan a herirte, dejan una marca indeleble en las entrañas. Y soñé que no estabas tú. La soledad campaba a sus anchas sometiendo todas las esquinas a su impúdica dictadura del silencio. Las plazas, todas, se encontraban rodeadas de muros grises en los que los insectos de la muerte ponían sus huevos negros. Todo olía a podrido, a viejo, a lamento y sudor de callejón. Ayer soñé con un mundo incapaz de sobrevivirse a si mismo, un mundo de tenaces afrentas que sufrir encadenado a la desidia, un mundo que había estallado en tristeza consumido por sus propios miedos y por la codicia de sus hijos.
Hoy, tras soñar angustias, soñé que soñaba de nuevo, y al soñar que seguía soñando, ese mundo futuro y gris que agotaba mis pupilas, se vistió de colores imposibles cuando a pleno pulmón, encaramado sobre una ola, le canté con desesperación y al oído este poema:

Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!


Juan Antonio González Molina
(Los versos milagrosos son de Don Rafael Alberti, de su Marinero en tierra)
Pintura de Rafael Martínez

domingo, 7 de febrero de 2010

COMO PUEDEN


Cómo pueden respirar,
cómo pueden
si estamos perdiendo las plumas de las alas,
si nos han cortado los pies descalzos
sobre los que construir el futuro,
cómo pueden amar sin palabras
que llevarse al corazón,
cómo pueden.

Cómo pueden dormir
sin tener sueño,
sin soñar,
cómo cerrar los ojos
Y ya está,
alejarse del mundo
sin haber estado en él,
cómo pueden dormir
escuchando el llanto agónico del Alba,
cómo pueden.

Cómo pueden hablar sin más,
sin decir nada,
golpeándonos a todos
con mentiras de vertedero,
cómo pueden vendernos calumnias
con pistolas,
cómo pueden hacernos creer
que todo este desastre desastroso
es por nuestro bien,
cómo pueden pedirnos fe
mientras nos siguen matando,
cómo pueden.

Cómo pueden obviar el alma,
consagrarse a los tejemanejes ingratos
que se traen los gurúes de las cifras
entre las manos,
cómo exportar sus caprichos
colgando sus vicios sobre el alambre dorado
en el que tienden sus desvergüenzas,
cómo pueden mandarnos a galeras
y premiar nuestro esfuerzo
con migajas lastimeras,
como pueden.

Cómo pueden respirar,
dormir,
amar,
vender,
vivir,
hablar sin más,
obviar el alma
condenándonos a la nada,
cómo pueden existir
sabiendo lo que son,
lo que hacen,
lo que significan
para el resto de los mortales,
cómo pueden con su alma,
cómo pueden.

Juan Antonio González Molina

P.D. Quería agradecer a mi compañera Sol el hecho de proponer mi Blog como candidato a Blog de la semana en Poetízame, así como dar las gracias a los administradores de la misma por proclamar "La Hermosa Utopía" como blog candidato, es para mí todo un honor y un halago haber sido elegido. Desde aquí quiero pedir a tod@s aquell@s que disfrutan leyendo mi blog que pasen por poetízame (www.poetizame.blogspot.com) y participen en el concurso, al final de la página pueden votar por uno de los cuatro elegidos. Podéis emitir un voto diario.
NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.