domingo, 9 de febrero de 2014

DE VUELTA AL AMOR















De vuelta al embarcadero
de los sueños abandonados,
al camino quebradero
de lejanos agasajos
donde perdimos la vergüenza
para encontrarnos límpidos
frente al abismo,

De vuelta al tragaluz
de atlántico desconsuelo
que descerrajó con saña
todos sus vientos abiertos
sobre el tamiz caleidoscópico
de mis ganas,

Tu mano ardiendo
sobre mi espalda
inauguraba ebria una caricia
que disparaba sobre el cielo
un yantar de mil manías
en las que entretejernos,

Cómo no enamorarse
si aquel beso primero
obraba del mar su cantinela,

Cómo no enjaretarse
si al tomarme de la mano
calabas de maravillas mi Universo,

Cómo evitar el señuelo cierto
de tus lunares violentando mi espacio,
derramándose entre mis torpes dedos,

Como no amarte para siempre
si en aquella nube tímida
colgamos desnudos y valientes
los laureles inhóspitos
de la cordura.

Juan Antonio González Molina
(Óleo de Daniel Kaplan)

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NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.